Recordando a Don Lucas

En este mes de noviembre; más precisamente el día 22, se cumplen catorce años de la lamentable desaparición física de don Francisco Lucas Roselli; pero su figura sigue viviendo en nuestros corazones y nuestras pupilas perciben el legado invalorable de un Museo, que si bien -con mucho dolor- no se ha culminado aún, conserva en él piezas únicas colectadas por este gran hombre, como el caso de los nidos fósiles. Como si todo fuese poco, su nombre es citado en textos y revistas científicas de diferentes partes del mundo; tanto es así que se le conoce con el nombre de "Padre de la Icnología de Insectos".

El público, aún el más culto y atento al progreso del museo, no sospecha la lenta pero laboriosa y trascendente tarea que se realiza dentro de él, a pesar de estar cerrado al mismo.

Pero su director, Wilfredo Fernández, contagia a todos su entusiasmo y su gran fe, al igual que su cmopañero Jorge Frogoni; pues ellos llevan dentro de sí el enorme deseo de ver culminada la obra que un 2 de Octubre de 1984 cediera a nuestro querido pueblo aquel gran maestro que fuera don Lucas.

"Vértice" considera que: pequeños estímulos, recibidos a tiempo, tanto sean éstos monetarios, como formas de salvar obstáculos, algunos de ellos burocráticos, que puedan ser decisivos en el destino del Museo, con quien hay que ser generoso si en verdad preocupa el porvenir del mismo y el bien patrimonial de toda nuestra ciudad y sus alrededores.

Indudablemente que el objeto perseguido por Don Lucas, era impedir que, por escasez de medios y espacio, se malograra aquello que con muchos años de lucha e investigación se perdiera, o fuera su destino otro lugar que no fuera Nueva Palmira.

Nótese que esta procupación de aquel gran hombre, es la misma que hoy ocupa la mente, además de muchas horas honorarias de labor de aquellos que s eencuentran al frente del museo en la actualidad.

Han transcurrido muchos años de su fallecimiento, pero ellos no han podido sepultar su personalidad múltiple, ni los valores sembrados por él durante su trayectoria como herrero, profesor, paleontólogo, autodidacta y hombre de bien. El Museo espera la culminación de su edificio y mucho más los usos pedagógicos que surgirán frente a su concreción.

La forma más sincera y clara de homenajear a este gran ser desaparecido sería, complementar su idea primitiva, que no es otra que verlo en plena tarea pedagógica, rodeado de túnicas blancas de escolares, rodeado de liceales y de público en general deseosos de ver como fue nuestro pasado sobre la tierra, y mostrar así en todo su esplendor la lucha investigativa de años, al servicio de la cultura y para el orgullo de la comunidad. Así perduraría indeleble a través de la muerte, la antorcha luminosa de su espíritu selecto.

De la Revista "Vértice"

 

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